sábado, 6 de octubre de 2007

Toda la cabeza

Un pájaro
se mueve
en las maderas del techo.

Está apedreado
y no podrá
salvar el ruido de sus alas.

Pero se acerca a las vigas más duras.

Su traslación
es mínima, inapresable,
capaz de enloquecernos.

Y en la gravedad de sus plumas
se nos pierde el fuego
del arquero.

Sufro en agonía
este dolor
de entonces:
el pájaro que cae,
se mueve
y alcanza las vigas más duras.

El mínimo,
inapresable,
infinito dolor
de las patas de un pájaro,
haciendo caer hacia nosotros
el polvo de su eternidad.


EDEL MORALES
Lejos de la corriente