viernes, 5 de octubre de 2007

Mar Atlántico

Como en las fotos del Mar Atlántico,
que Enrique guarda en el forro de su abrigo,
ahora todos
miramos al cielo fijamente.

Con su guitarra y su silencio
Fran arpegea en las botellas, y quiere llegar,
y la vida vale o no, pero aquí estamos.
Tere afirma su manía de nubes en la boca
y sus príncipes mendigos
que nunca quisimos comprender,
porque la amábamos tanto;
la amaba yo soñando en el muro
de espaldas a las preguntas de mi cuerpo;
todos, alguna vez, fuimos su insomnio verdadero.
Si todavía Mandy fuese el mejor anfitrión,
Monsieur Zaping in Zaping's Club,
descorcharíamos otra vez la Havana,
y el pasitrote de Fernan perdido en las minas
sería el más fantástico juego,
la mayor felicidad para los golpes de Ale.

Eran otros años, nosotros demasiado jóvenes
para entender esa historia
de gente dispersa en el mundo.
Nosotros demasiado jóvenes pero muy seguros
de que Fillo no mintió,
de que a medio paso del dos mil no se regalan islas.

Como en los rostros del Mar Atlántico,
murales del Zaping's Club
jamás borrados por el peso de la bruma,
cada uno es el genio,
todos latiendo en un mismo corazón,
vigías de un tiempo
que nos costó la infancia.


EDEL MORALES