sábado, 6 de octubre de 2007

¿Quién ordena en este mundo el lamento de mi madre?

¿Quién?,
cuando mi hermano termina el lazo en su segunda bota
y Addis Abeba se mece como una flor.

Otro mes los camiones bajaban la cordillera en niebla
y mamá preguntaba por las manos de Miguel.
Cubavisión, Correos Air, toda la noche un sólo sueño
y titila azul el satélite a lo lejos.

¿Quién ordena en este mundo el lamento de mi madre?
¿Quién
desde una casa ingrávida y ajena
dicta así mi insomnio,
ordena en este mundo el lamento de mi madre?

Viene con dos lágrimas en cada mano plural
y yo Me acuerdo que jugábamos esta hora,
y que mamá
nos acariciaba: “Pero, hijos...”

Por el jardín y en cada laja del patio
pasa, irredimible, el tiempo,
pasa, irredimible y fugaz, todo el tiempo;
y pasan, vigilantes, los grillos, la única luciérnaga
con luz, con luz, con luz.

no tardarás, Miguel, susurro, no tardarás.
Pero el mundo es un nicho cerrado, las horas
un juego cruel, el tiempo un lamento humano
—redondo y olvidado y cruel
y otra vez redondo y olvidado y cruel y muchas veces más.

un simple nicho olvidado después de la explosión.


EDEL MORALES
Lejos de la corriente