jueves, 4 de octubre de 2007

El quemante ojo de Romeo

Para Odalys Victoria,
un largo de felicidad.




El brillo único de las constelaciones
rueda a lo largo del canapé,
donde el vino y los cigarros arden.

Vuelven y se besan. No temen perderse.
Y rueda el cielo a lo largo del canapé,
hacia los más profundos sitios del aire.

Adentrados en sus cuerpos exploran el pasado.
Donde siempre quiso haber un largo de felicidad
hay este minuto de preguntarse la vida,
este temblor en las terrazas,
este hacer algo histórico sobre los golpes de viento
y la cambiante sombra de los muros.

Seco con un beso tus pestañas:
la felicidad es un corazón para estar despiertos,
si modelamos la íntima palabra
salvada como un grano de su cáscara.

Mañana puede no haber ningún friso en que asciendas
por mi impulso prendida al techo,
despeinada y sostenida,
mientras caen livianas monedas en el calor del vino.
No importa, nada importa más que este instante
abierto como el cielo en las baldosas,
hermoso como un rostro al paso de los labios.

La vida sigue siendo un abanico, un rayo de luna,
una levitación palpable en la memoria.

El aire rueda en los muros y rueda la felicidad
a lo largo del canapé, y dibuja en los cuerpos desnudos
el brillo único de las constelaciones.


EDEL MORALES