jueves, 29 de noviembre de 2007

LEJOS DE LA CORRIENTE/ TODO VUELVE A SER EN SU PALABRA

Rigoberto Rodríguez Entenza


En número y peso ha crecido el panorama editorial cubano. Libros y feria, entre tanto, han aportado cuentas que tributan –menudencias aparte- al panorama literario de la isla, a su diversidad. De poesía hablando, la aparición de nuevos textos ha reconfigurado su –nuestro- mapa espiritual. Voces recién llegadas o ya conocidas nos anuncian el caudal de las noches y los días. Una de ellas es la de Edel Morales -Cabaiguán 1961- quien con su libro Lejos de la corriente, Ediciones Unión 2004, confirma el hondo aliento de la poesía nacida En las pequeñas ciudades del centro de Cuba. Con dicha muestra, Morales se atreve a decirnos el origen de sus conjeturas, a revelar en un solo texto su itinerario afectivo y estético. Desde la pequeña ciudad, las calles, habitualmente bulliciosas y dulces, atravesando los encuentros con amigos, ciudades, mares, con la certeza del tiempo, de la nada que seremos luego de mil o cincuenta años, el poeta nos revela su historia en el universo; con una sutil coherencia dialéctica, sus temas se deslizan por el hombre y el complejísimo macrocosmos que habita.
Es cierto que convivimos con múltiples visiones poéticas, las que van desde el más fervoroso, auténtico, registro tradicional, (Tu voz está sobre mi cuerpo –le hace bien a mi cuerpo/ la claridad de tu voz/ en la penumbra de estos años) hasta posiciones vanguardistas, dígase contemporáneas. (En ese caos preciso un instante –La Habana, año noventa/ y sucesivos –y traduzco para un amigo estos versos:/ hechos con una rara claridad que los condena/ y los aleja de cualquier estética al uso./ Serán barridos hacia otro horizonte, lejos de la corriente.) Pero también es visible la intención de individualizar, desde los preceptos de lo uno y lo diverso; la preceptiva de Morales se acentúa en el ser de hoy. El poeta, este que creo cercano, ha puesto su anécdota en el intento; su voz viene desde los primeros viajes, desde la certeza de Los estudiantes [que] se han marchado a descubrir el mundo/ y una paz, una extraña y larga ausencia,/ llega hasta las paredes y penetra al interior de los edificios. Luego llegamos con él a –ciudades que invitan a vivir otra vida/ en calles trazadas para el ejercicio del goce y el amor. En estos poemas, cerca del ojo del huracán, de la verdad central de las palabras, el ser vive aferrado a sus pasos, a su destino, entre el bien y el mal. Así acepta que El universo expande la finitud de sus cuerdas. Su voz es su puerta misma, la que se abre y se cierra eternamente, como el péndulo.
Aquí hablamos de un verso que se azota a sí mismo; de un lado se alarga, se busca en un paisaje interior sombrío y del otro se calma, incide, recompone, juega ajedrez sobre un mundo que puede ser cambiado, un mundo aparente, consumado, consumido, en la realidad que crea y recrea. Edel es un explorador de sí mismo; su poesía va paso a paso y en ese ascenso medita y resume; todo vuelve a ser en su palabra, todo adquiere un destino inédito. Pareciera que cada instante se revela por primera vez. El pasado se convierte en el futuro de su poema. Estamos, no allí, sino en ese otro espacio, en ese momento en que nuestro espíritu saltará de sí, explotará y sus pedazos más leves entrarán nuevamente a ese laberinto que es visitado por el místico. Se trata, valga apuntarlo, de poemas que aún siendo independientes conservan -lo he escrito antes- una unidad evolutiva; su cosmovisión y sus cavilaciones en cuanto a la poesía se ven aquí como en un libro de historia, la historia misma que él concibe. La aparición de una arquitectura lingüística renovada, de signos que se incorporan para nuevos matices, la cambiante manera de su sintaxis, son pautas que nos ubican ante una obra que crece sobre sí y lo que es más importante, entre la tradición literaria cubana, como el paso del mulo en el abismo. Edel Morales, forma parte de un grupo que tomó fuerzas en la segunda mitad de los ochenta y que hoy ya da señales ineludibles. Llena es de gracia la nación que pueda distinguirse con autores como los que en Cuba hablan hoy. Llena es de gracia, por estos versos -escritos para precisar un instante-.