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viernes, 5 de octubre de 2007

1983 no era un año triste

Guarda esas fotos en el forro de tu abrigo,
y guarda esa cara de circunstancia:
1983 no era un año triste,
lo sabes tú y lo saben las paredes del Club.
Deja que el tiempo arrastre esas nubes.
Deja tu rabia vagar en esta carne blanca y suelta,
la carne que el cielo te dio.
No trates de explicar el color de las luces.
Escoge una pregunta
cercana a la claridad de las voces más jóvenes,
y guarda esa cara de circunstancia.
Lo sabes tú y lo saben las paredes del Club:
1983 no era un año triste.


EDEL MORALES

Con el muro a la espalda

Murió el tiempo de los cómplices.

Felicidad de las horas girando hacia el día
de llamarnos cómplices
—relámpago, aproximación, tiempo de los cómplices
ya muerto.

Cómo querría encontrar ese alguien
que confirme la inasible nostalgia
en su retorno y escape.
No he pedido que aparezcas igual,
con el muro a la espalda
y una lealtad más fiel que los brazos pactados.
Pronto es para engañarse.

Sólo por hacer algo fija las estrellas ganadas,
los años que ardieron
como el aire fuerte en la dispersión del fuego.

No olvides tú ese rumor que escapa.
Murió el tiempo de los cómplices,
ha muerto.
Y miro la ciudad volver de sus mejores días.
Y miro la gente que va y viene despacio junto al mar.
Y me pregunto con el muro a la espalda:

¿Tan solo será la vida
un tiempo posible?


EDEL MORALES

Noches de 1985

He visto encenderse las luces del parque.

Semejantes a un ahogado que vuelve
abrieron los ramajes para mí.
Y puedo ver el blanco borde de los cielos.


EDEL MORALES